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  • V395711-Q*
  • Con insistencia se habla de globalización e internacionalización como un fenómeno nuevo; el zeistgeiszt de finales del siglo xx e inicios del xxi, sin plazo aparente de vencimiento. Sin embargo este fenómeno es tan viejo como la colonización, o mejor, es su consecuencia directa, ya que todo tipo de actitud hegemónica exige la imposición de ciertos padrones que demuestren tal circunstancia. Tal vez dos ejemplos aclaren el concepto:
    Se puede citar las Leyes de Indias, un manual español para la implantación de nuevas ciudades que determinó la impronta de centenas de ciudades americanas, y que no era más que una actualización del urbanismo romano basado en la retícula ortogonal de cardus y decumanus, todavía visible en el trazado de muchas ciudades europeas.
    También a escala del edificio, la iglesia del Gesú de Vignola y Della Porta en Roma, resulta un precedente paradigmático como un tipo edificatorio se repitió hasta el hartazgo, homogeneizando doctrina e imagen que fueron impuestas a sangre y fuego por los misioneros también en el muevo mundo. Con otras características, el fenómeno se siguió repitiendo con los historicismos, el estilo internacional y todos los que le siguieron y le siguen, y en general en un solo sentido: de la metrópolis a la colonia. De tal manera que las prácticas globales no se explican solamente a partir de la revolución de la informática o la creación de los bloques transnacionales o la internacionalización de los mercados, sino que obedece a razones más estructurales, y no tan contemporáneas. Por ello, y aunque no se trate de un fenómeno nuevo, por estar inserto en un contexto indudablemente sensible a todo lo que sea internacionalización, la práctica arquitectónica en Uruguay ha estado en mayor o menor medida pautada por un trasiego de profesionales que ha funcionado en dos sentidos. En Uruguay trabajaron en el siglo XIX Andreoni, Zucci, Rabú, Moretti, André entre otros, mientras que un siglo más tarde Cravotto, Vilamajó, Fresnedo Siri, García Pardo, Dieste, para hablar de los más reconocidos en décadas anteriores, tuvieron una importante actividad en el exterior. No podemos olvidar también el rol fundamental que arquitectos como Bayardo y Gómez Gavazzo jugaron en el desarrollo de la enseñanza de la arquitectura en Sudamérica durante los años de la dictadura en Uruguay.
    Hoy evidentemente el fenómeno es más complejo, y ha adquirido otras dimensiones. Pero este hecho es sólo atribuible a la crisis de los últimos tiempos o tiene su origen en causas más estructurales de las cuales la crisis fue su tiro de gracia?
    Sobran arquitectos en todos lados. Como sobran médicos, abogados o veterinarios. En Uruguay porque no hay límites al ingreso en la Universidad pública y la dinámica inmobiliaria es relativamente escasa. En otros países porque a partir de los años setenta se abrió impunemente el reconocimiento de instituciones privadas, en muchos casos de dudosa calidad. El resultado: superpoblación de profesionales y sensible baja en las retribuciones, con su consecuencia en la calidad de la producción.
    En la medida que no haya una seria reformulación de los sistemas universitarios, este parece ser un fenómeno que no sufrirá mayores m alteraciones. Por ello debemos, hasta tener señales en contrario, que admitirlo como un dato de la realidad. Por lo tanto sobran arquitectos en todos lados.
    Aunque se diga lo contrario, no existen ciudades -y a veces países- sustentables. Por definición la ciudad es parte de una estructura territorial mayor de la cual depende, no siempre dentro de los límites de los estados nacionales. Esto es cierto para la producción, para la cultura y para el trabajo. Son muy pocas las ciudades que por su dinamismo y escala permiten que los arquitectos ejerzan su actividad profesional enteramente en ella, como podrían otros profesionales. Montevideo especialmente; una ciudad empobrecida, y que no crece, y que aun en el escenario más favorable no tendrá necesidades de grandes inversiones en arquitectura.
    Uruguay tiene la agravante de no poseer otras ciudades –con la excepción parcial de Maldonado-Punta del Este- capaces de constituirse en alternativas viables de trabajo para los profesionales. Lo que en otros países más poblados se resuelve con la movilidad entre ciudades, en Uruguay se resuelve inevitablemente con el trabajo fuera de fronteras. Sea trabajando con encargos desde el exterior, o directamente asentándose en él.
    En ese contexto, aquella actividad limitada en sus inicios, se vuelve más general. Muchos arquitectos uruguayos encuentran campo de trabajo fuera de fronteras, así como otros tantos colegas extranjeros –no pocos para la escala de nuestro país- trabajan o se radican en Punta del Este. Una de las críticas realizadas en la constitución del MERCOSUR se sustentaba en el temor de perder peso relativo, y por lo tanto oportunidades de trabajo, en un muy competitivo espacio regional ampliado.
    A la vista de lo resultados de los últimos concursos internacionales y bienales, con destaques tanto para profesionales uruguayos, publicaciones, como para la propia Facultad de Arquitectura, se demuestra que la buena formación y solidez de nuestros profesionales pueden alejar ese temor, y ayudar a tomar una actitud más arriesgada: intentar viabilizar una real integración, y lograr eliminar las barreras burocráticas que dificultan el trabajo fuera de fronteras de los arquitectos.
    De esa manera estaremos dando un paso importante en la ampliación real de los horizontes de nuestros arquitectos, y de paso dejar de ver este hecho como signo de un estigma para constituirse en una condición.

    *Número de registro de extranjero

    Dr. Arq. Ruben Otero