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  • Bonjour tristesse
  • Notas (críticas) sobre la arquitectura en Uruguay

    En un mapa a escala 1:200.000, especialmente en un mapa Michelin, todo el mundo parece feliz; en un mapa a mayor escala, como el que tengo de Lanzarote, las cosas se deterioran: uno empieza a descubrir los hoteles, las infraestructuras de ocio. En una escala 1:1 te encuentras en el mundo normal, que no es muy agradable, pero si aumentas la escala todavía más, te hundes en una pesadilla: comienzas a ver las partículas de polvo, micosis y parásitos que te comen la carne.
    Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla


    los televisores y la vaca
    Cinco televisores descansan sobre una alfombra de cuero vacuno, reminiscencia (según informara oportunamente el jurado y los autores de la propuesta) de aquella que la lúcida Victoria Ocampo regaló al viajero Le Corbusier en su visita a Buenos Aires de 1929. En loop, los cinco televisores proyectan cinco historias (narrativas) de cinco edificios construidos en Uruguay entre los años 20 y 60. Fragmentos, mosaicos, ficciones, las imágenes se suceden como una fascinante cabalgata nostálgica a un ilustre y próspero pasado. Fotografías y textos completan el espacio, integrado por “series lingüísticas irreductibles.”
    Para el inadvertido visitante, incapaz por ejemplo de reconocer la culta referencia Corbusier-Ocampo, el pabellón uruguayo en la 12ª Bienal de Arquitectura de Venecia (2010), 5 narrativas, 5 edificios, debe lucir como un espacio áspero y severo, cargado de intelectual complacencia y vacío de cualquier empatía con el discurrir contemporáneo. La propuesta, no obstante, resultado de un pequeño concurso curatorial con siete equipos participantes, implícitamente reflexiona sobre el pensamiento arquitectónico uruguayo contemporáneo.
    5 narrativas, 5 edificios sigue un modelo auto-curatorial. A pesar de la inclusión de múltiples historias y voces asociadas a cada uno de los cinco edificios (conformando cada uno de los cinco videos), el resultado es meditativo e introspectivo, una suerte de ejercicio autorreferencial con más resonancias de instalación artística que de propuesta curatorial para una bienal de arquitectura. En su versión final, como una concesión a las tecnologías a la mode, los tubos catódicos fueron sustituidos por modernas pantallas de plasma. Las arquitecturas y las historias aparecen en un soporte a la mode. Pero esa pequeña sublimación contemporánea no logra redimir al pabellón de su estrategia que, como las instalaciones “arqueológicas” de Joseph Beuys, y a pesar del dinamismo inherente a las ventanas-videos, se expresa como una sustancia retrospectiva. ¿Cuáles son esas estrategias críticas implícitas y cuáles otras pudieron (y pueden) plantearse?

    las estrategias de la vaca
    Tres estrategias (aquí en forma de notas críticas) emergen de la propuesta 5 narrativas, 5 edificios, tres diagnósticos de la cultura arquitectónica contemporánea en Uruguay.
    Desvalorización disciplinar. Sin pretender insistir en modo alguno sobre una eventual (y pretérita) dicotomía ontológica entre arte y arquitectura, sí resulta necesario confiar en ciertas especificidades de la retórica disciplinar que, aun como una taxonomía difusa y problemática, pretende garantizar un pequeño territorio: hay cuestiones propias del pensamiento arquitectónico, especulaciones del arquitecto, que difieren de las especulaciones del artista en tanto comportan otras sustancias comunicacionales, otras materias, otros ámbitos. La propia distinción entre bienales de arte y bienales de arquitectura supone, de hecho, tales especificidades. 5 narrativas, 5 edificios construye arquitectura desde el arte. Es la alfombra el ejemplo más consistente de ello, “concebida a la vez como dispositivo y objeto: por una parte busca proponer una forma de mirar, construir un lente y un lugar de observación y, por otro, presentarse como signo suficientemente ambiguo y cargado de referencias.” La alfombra es instalación, pero no hay que olvidar que de todas sus múltiples referencias, incluida la ya mencionada Corbusier-Ocampo, es sólo la vaca la que lee el inadvertido visitante.
    Inconsistencia productiva. Resulta por lo menos problemático proponer una “modernidad redux” como eje expositivo de una muestra bienal de arquitectura, y tácitamente supone un veredicto que, curiosamente, pasó inadvertido. Sólo la mirada nostálgica a un elocuente pasado moderno puede redimir la lectura de la contemporaneidad, presumiblemente (y peligrosamente) entendida como insuficiente, vacía, e incluso banal. Pero para ello existe una feliz coartada, una explicación posible y compartible frente a la decisión curatorial de excluir la arquitectura contemporánea uruguaya de la muestra: de eso, más o menos, había constado la curaduría de la anterior Bienal de Arquitectura de Venecia (2008), de una radiografía amplia e inclusiva (verdadera curaduría) de la escena contemporánea uruguaya. Laboratorio de Urbanismo Político (LUP) conformó una plataforma expositiva de las múltiples y a veces subyacentes estrategias de la arquitectura contemporánea en Uruguay. Concebido más como una articulación experimental (con nichos, fisuras, redundancias) que taxonomía rigurosa, LUP permitió un ejercicio colectivo de pertenencia a una contemporaneidad global, celebrando divergencias ricas y estrategias incipientes, y una invitación a “saber más” del Uruguay de hoy.
    Anestesia contingente. Si bien el meta-arte o algunas referencias tangenciales a las estéticas relacionales de Nicolas Bourriaud podrían explicar la decisión curatorial de 5 narrativas, 5 edificios, eventualmente en concordancia con la propuesta curatorial general de Kazuyo Sejima, “people meet in architecture,” dicha reflexión pudo realizarse en otro registro. Bienal es ante todo una arena de comunicación y divulgación, y una instantánea viviente (desafiando la ontología fotográfica) del mundo. Es, en ese sentido, provisional e informativa, confrontativa y especulativa. Pero esa confrontación y especulación sólo puede darse en un escenario inherentemente sincrónico; la contingencia geográfica es excusa de una simultaneización temporal. Es el propio escenario físico de la bienal lo que dispone en artificial proximidad la original dispersión geográfica. ¿Pero qué (o cómo) podemos confrontar cuando nos referimos a una modernidad pasada, hurgando en las sombras de edificios e historias de otros tiempos? Frente a la apertura que supuso LUP, 5 narrativas, 5 edificios es replegarse nuevamente. Como en las “arqueologías” de Beuys, el pabellón uruguayo opera en otro registro, autista y autónomo.

    grand tour
    Entonces, ¿qué hay del pensamiento arquitectónico en Uruguay hoy? ¿Qué puede decirse cuando todo parece haberse dicho, dos años atrás, con escenarios y evidencias productivas casi idénticas? ¿Sólo es posible recurrir a la estrategia de la vaca? Parece necesario, en principio, imponerse una constricción: la de la cuestión contemporánea, asumiendo que esto es una posibilidad real en tanto la reflexión sobre el pensamiento arquitectónico contemporáneo uruguayo no se agota con la identificación de sus inquietudes productivas o el mapeo de sus trayectorias recientes en ámbitos tangencialmente disciplinares, como desarrollaba LUP. Así, se hace necesario apuntar a cualidades específicas, elementos diferenciales que puedan destacar por cualidades de “marca”, por singularidades o despuntes.
    Pero referir a la cuestión contemporánea no supone, tampoco, la aceptación plácida de sus emergencias. Giorgio Agamben en ¿Qué es lo contemporáneo? señala que ello es “aquella relación con el tiempo que adhiere a él a través de una disyunción y un anacronismo,” anunciando una compleja articulación entre aceptación y crítica, proximidad y distancia.

    La propuesta Grand Tour podría catalogarse de filialmente disciplinar y decididamente optimista. Grand Tour refiere a un largo viaje por el continente europeo que fuera originalmente parte usual de la educación de los jóvenes ingleses. Viaje cultural y académico decimonónico, impregnado de la urgencia sensorial del empirista y la poética del romántico, el grand tour constituyó un valioso antecedente del turismo moderno. Sobre este modelo, y a partir del antecedente del Gran Premio de la Facultad de Arquitectura (inspirado a su vez en los Grandes Premios de la Escuela de Bellas Artes francesa), los estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República desarrollan desde hace más de 65 años el llamado Grupo de Viaje de Arquitectura. Hoy, más de 200 estudiantes, autofinanciados con una lotería pública y con una cuidadosa preparación académica previa guiada por un equipo docente, realizan durante nueve meses un viaje alrededor del mundo visitando más de 200 ciudades y 1.500 obras de arquitectura. Empresa exitosa, evento abiertamente arquitectónico y de proyección global, de notable especificidad y por sobre todas las cosas profundamente participativo, constituye una de las experiencias más singulares y heterodoxas del escenario arquitectónico uruguayo contemporáneo. Marginal a casi todas las taxonomías arquitectónicas contemporáneas representa, además, una metáfora de una forma de aproximación a la arquitectura y al pensamiento arquitectónico cuyas implicancias liminares se intentarán deducir.
    Retomando el “people meet in architecture,” que mira la arquitectura como escenario de encuentro, como lugar de todas las reuniones posibles, difícilmente haya una manifestación tan explícita de encuentros en la arquitectura como los promovidos por este Grupo de Viaje. Es el viaje lo que determina una forma especial de encuentro. Como el grand tour significaba una mirada singular a los paisajes pintoresquistas y a las arquitecturas clásicas, el viaje de arquitectura induce una mirada que por lejana es intensa y por pasajera, provisional. Es en esa eventualidad que radica la construcción cultural del viajante, y que se intenta reproducir aquí como forma singular del encuentro con la arquitectura y sus epígonos conceptuales.
    Pero, ¿viajar es necesario? Frente a la posibilidad certera de entrar en contacto con el objeto arquitectónico digitalmente, el viaje supone, análogamente, y tal vez como sugiere Agamben, un placentero y necesario anacronismo. La arquitectura vista a través de la singularidad del viajero implica una forma especial de involucramiento, y también una metáfora de una condición cultural definida, fundamentalmente, desde el afuera. Es en este doble pliegue espacio-temporal, del anacronismo del desplazamiento y la exterioridad, en donde pueden encontrarse algunos principios alternativos para un pensamiento arquitectónico uruguayo contemporáneo, fundado en una inherente cualidad relacional. Es esta habilidad liminal lo que puede aproximarnos a una producción más provisional, más experimental. Por tanto menos severa.

    la estrategia liminal
    Frente al temor a la banalidad de lo contemporáneo, a su insuficiencia semántica, a sus recursos redundantes, a su incompetencia creativa, proponemos explorar el objeto arquitectónico desde una estrategia liminal. Liminal no por epitelial, superficial, sino por tangencial, muchas veces tangencial, es decir, compleja.
    La estrategia liminal o, mejor, “aprendiendo del grand tour,” intenta trazar posibles claves para sugerir campos disciplinares específicos a pesar de la insuficiente masa crítica de producción. Ni pura mnemónica ni experimentación anti-objetual (sea procesual, efímera, o antimaterial), la estrategia liminal pretende ver al objeto desde otras dinámicas y configuraciones. Primeramente definiendo una cierta distancia al objeto arquitectónico, real y virtual, y creando así un campo expandido, un espacio ambiguo y heterodoxo resultado de una fisicalidad dispersa. Esta empírica exterioridad, o “ver desde afuera,” como en el grand tour, acerca el proyecto (en un sentido virtual/conceptual) al campo de lo eco-lógico. Nada aquí de ecologismos o metafísicas a-tectónicas, sino un esfuerzo por comprender al diseño como parte de un conjunto complejo de interrelaciones y ecologías entendiendo, como sugiere Gregory Bateson, que ecología es ante todo comunicación. El objeto opera en un campo traccionado que se define por múltiples ensamblajes provisionales: el objeto a la distancia, el objeto en el campo, el objeto en el desplazamiento. Es también tarea del arquitecto ponderar esos campos que exceden los límites tectónicos (y tópicos) del proyecto, tanto en un sentido representacional, como operativo y político.
    Reconocidas las reales y virtuales constricciones de nuestro campo productivo, y también sus especificidades y ambiguos territorios, sólo de dos cosas no podemos escapar: de la arquitectura y de la contemporaneidad. Somos arquitectos y arquitectos de hoy. La estrategia liminal es una estrategia para el arquitecto. La estrategia liminal es una estrategia para hoy. Así, el arquitecto liminal es lírico y pragmático, sofisticado y banal, voyeur y distante.

    bonjour (tristesse)
    Lo que importa aquí no es generar una taxonomía rigurosa sino reconocer fragmentos y construir a partir de ellos una pequeña anatomía crítica de la producción local, a partir de estrategias provisionales, enunciativas y eventualmente contradictorias. Michel Houellebecq nos recuerda que el mundo real es una sucesión de múltiples y pequeños, casi microscópicos, dramas. El viajero de la arquitectura, no obstante, hombre-arquitecto-viajante, comporta la distancia de lo liminal, la belleza de lo liminal. Esa distancia estratégica, relacional, comunicacional (entonces eco-lógica) le permite una celebración, la del placer del viajero: ver la arquitectura con el lente de la distancia, la exterioridad de ver más allá, de propagarse e infiltrarse promiscuamente, como el viajante, para construir a partir de ello un escenario de belleza y optimismo. Pero no una infiltración micótica sino telescópica, gozosa de las cadencias triviales del mundo, de lo banal como legítima expresión de lo popular y lo disciplinar, y capaz de construir a partir de ello una celebración de lo construido antes que una maquinaria retórico-mnemónica. Estas notas pretenden invocar la práctica de la arquitectura y el desarrollo del pensamiento arquitectónico como un espacio placentero, luminoso, aun en las dolorosas adversidades del mundo contemporáneo (como también leemos en Houellebecq).
    Una suerte de anestesia profesional nos dispone en el peligroso limbo de la corrección y el consecuente anonimato. Es tal vez en el espíritu del Grand Tour que radica la clave para transformar el bonjour tristesse de François Sagan en un optimista ¡adieu tristesse!

    Notas:
    Sebastián Alonso, Martín Craciun, Lucio de Souza, Emilio Nisivoccia. 5 narrativas, 5 edificios. 12ª Bienal de Arquitectura de Venecia (Montevideo: 2010), p. 9.
    Íbid., p. 10.
    Véase Marcelo Danza, Laboratorio de Urbanismo Político (LUP). 11ª Bienal de Arquitectura de Venecia (Montevideo: 2008).
    “Grand Tour” participó del concurso para la curaduría del pabellón uruguayo en la 12ª Bienal de Arquitectura de Venecia. El equipo estaba integrado por: Fabio Ayerra, Silvana Bergson, Marcos Castaings, Martín Cobas, Luciano Machín, Diego Pérez (autores), Nandy Cabrera (diseño de sonido), Pablo Rímoli (logística en Italia).
    adieu tristesse es el necesario contrapunto al bonjour tristesse, como sugiere el poema de Paul Éluard que inspirara el Bonjour tristesse de François Sagan.



    Fábrica de Paisaje: Ayerra, Castaings, Cobas, Gastambide, Pérez, Lanza