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  • ..en tránsito..
  • Sobre el carácter transitorio de la Arquitectura.

    La arquitectura en tanto espacio construido ofrece soportes con vida propia, y por eso es necesario entenderla como escenario para las presencias más que como espacios de permanencias, como lugar de presentaciones mas que de representaciones. Este entendimiento nos permitirá superar, sin desmerecer, la dimensión objetual de la arquitectura, para entenderla como un proyecto de proyectos y ver a los arquitectos como actores o productores y no solo como autores.

    Imaginar lo que puede llegar a suceder es lo emocionante del arte. Aunque no me decepciona si algo no sucede del modo que lo imagino. Al contrario, eso me da nuevas ideas.”.. (1)


    Con esta afirmación Roman Signer (1938 Appenzell / Suiza) se presenta como un entusiasta e ilusionado creador de acontecimientos. Describe un estado de ánimo y una posición frente al hacer donde el control sobre la acción se ejerce en la justa medida para que el hecho suceda; mostrándose desprejuiciado y abierto (que no despreocupado) con lo que a partir de allí pueda suceder. Lo importante en el trabajo de este artista productor de eventos, de este “home faber”, según sus propias palabras, no radica en los objetos que utiliza sino en lo que su acción pueda provocar.

    R. Singer, siete bancos

    Roman Signer: Acción kurhaus. Siete bancos, siete ventanas. 1992



    Lejos de restar importancia a la producción de proyectos y espacios construidos, y sosteniendo incluso que estos productos (y su calidad) deben ser el objeto fundamental de nuestro hacer, debemos aceptar que la arquitectura no es ni acaba con el edificio o la obra construida. La arquitectura es sobretodo lo que pasa antes y después del edificio.
    La foto de ese momento entre el antes y el después, del hecho exclusivamente material y geométrico es apenas un instante de la vida de la arquitectura, o tal vez el momento más inerte de la misma. Es el plato recién servido y presentado; es el momento de suspenso y pudor, de tiempo detenido en la admiración. Detrás quedan las ideas, los procedimientos, las técnicas y las herramientas de la cocina; delante, la degustación (erudita, sensible o simplemente voraz) y tras ella la digestión. Para la arquitectura es en esta condición transitoria de interfase donde radica el mayor interés del momento edificio: ese instante en que la arquitectura cambia de estado y las ideas, ya deformadas, se transforman en realidad para siempre cambiante.
    Si nos detenemos en la selección de arquitecturas que este texto acompaña, lo interesante quizá sea indagar en lo que subyace tras las obras y proyectos que se presentan y nos presentan. Los procedimientos y condicionantes que las provocan, las circunstancias que rodean su producción, las realidades con las que interactuan y se afectan recíprocamente; conforman una constelación de contextos en los que estas propuestas se producen. Explorar esta constelación permitirá trazar mapas de recorridos diversos y construir nuevos enfoques sobre el valor cultural de las arquitecturas expuestas. En tal sentido poca utilidad tendrá recorrer las arquitecturas de esta muestra pretendiendo explicar su presencia en esta exposición mediante la búsqueda de elementos “arquitectónicos” que las aglutine o permita etiquetarlas como “.uy” mas allá de la nacionalidad de los autores. Por el contrario, lo interesante de esta muestra, además del valor de lo mostrado, y de la oportunidad de revisarnos que ofrece, es la posibilidad de constatar que la arquitectura como producción cultural es un “fenómeno en tránsito”.
    En tránsito porque durante las distintas etapas del proceso de gestación, materialización y consumo; o dicho en otras palabras: durante el proyecto, la construcción y el uso o activación, cambia la mirada de quien la piensa, quien la hace, quien la vive y quien la ve. Y porque una vez materializada, la arquitectura entrará en un proceso de permanente re-configuración y alteración aunque se mantenga intacta su conformación física y espacial. Se trata de los diferentes procesos de subjetivación y recontextualización (interpretación, percepción, asimilación y diálogo) a los que de manera ineludible y permanente estarán sometidos los espacios y entonos construidos. Y es esta condición autónoma y mutante, la que imprime un carácter transitorio a la arquitectura y nos permite entender los proyectos como procesos para construir contextos (soportes y mecanismos espaciales tangibles y vivos), entendiendo que la arquitectura puede ser también un medio desde donde estudiar críticamente el entorno para reproponer la realidad.
    Hablamos de una arquitectura inteligente: aquella que estimula, amplía e integra los valores y las condiciones tecnológicas y culturales del lugar donde se inserta.
    En tránsito porque a su vez la arquitectura como disciplina está en constante revisión y las posiciones que tanto desde el análisis, la critica y el proyecto hoy adoptamos, evolucionarán y tarde o temprano nos devolverán una mirada distinta; incluso aunque no hayamos cambiado nuestro punto de vista.
    Así, los procesos de producción de cada propuesta constituyen un estado o condición temporal, una etapa mas o menos aislada y pasajera en el recorrido profesional del arquitecto. La “obra” y el proyecto, mas que hitos, son trayectos de su recorrido.
    En el caso de las arquitecturas aquí presentadas, la mayoría de sus actores y autores se desplazan o se han desplazado, lo que agrega un factor de itinerancia e hibridación a la constelación de contextos de producción a la que hacíamos referencia. Las condiciones del contexto (tiempo, lugar, cultura) en que se actúa deforman, o al menos matizan la percepción y la posición del arquitecto, y en cada caso incorporan factores paralelos o ajenos al hecho arquitectónico que condicionan los procesos de manera particular. ¿Hasta qué punto estas realidades (transitorias y coyunturales) han sido determinantes en la arquitectura que hoy se presenta? O mejor dicho, ¿cuánto de permeables han sido estos arquitectos o cómo ha influido la condición foránea o local de los proyectistas? Por ello sumando a lo dicho hasta ahora, tiene especial sentido hablar de estas arquitecturas como un fenómeno en transito

    ¿Pero dónde radica el valor de esta percepción transitoria de la arquitectura?

    Por un lado, para el caso de las arquitecturas de esta muestra, esta percepción nos permitirá extraer algunos aspectos de cara al reconocimiento o constatación de un cuerpo cultural identitario, indagando en los procesos de deslocalización y relocalización en que se han desarrollado las distintas propuestas y preguntándose en cada caso cómo los distintos arquitectos han incorporado y transformado los datos del contexto en el que han actuado. Quejosos de adolecer de una historia en la que afirmar su presente y crear su futuro, los uruguayos hemos sido atentos herederos y entusiastas escuchas de voces externas y con ello hemos construido nuestras ciudades, edificios y contextos de una manera decididamente “nuestra”. Y tal vez ahí, en esa permeabilidad tamizada, en esa hibridación e itinerancia, radique la base identitaria y la potencialidad de nuestra cultura.

    Por otro lado y de cara a la formación y el ejercicio de la profesión, si realmente los arquitectos dejásemos de vernos solo como autores y nos entendiéramos también como actores y co-productores de entornos y contextos con vida propia, seríamos capaces de adoptar nuevas posturas y posiciones frente al medio en el que actuamos, podríamos interactuar de manera mas desprejuiciada para introducir nuevos datos en nuestros proyectos. Este enfoque de mayor permeabilidad y elasticidad que asume y defiende la importancia de la arquitectura mas allá del autor, nos permitirá explorar nuevas dinámicas menos jerárquicas, mas colaborativas, abiertas y transversales.
    Nos permitirá disponernos de otra manera o ponernos a disposición e introducir la voz del otro como material de proyecto. Esta disposición, que no debe pretenderse redentora, quizá nos ayude a recomponer los puentes de comunicación y entendimiento con nuestro contexto y nos permita incluso recuperar para la arquitectura parte del territorio hasta ahora perdido o abandonado, al que llamamos arquitectura sin interés (o sin arquitectos) y que ocupa un gran porcentaje de nuestros entornos.

    ..”¿Existe una arquitectura de la conversación? Podría ser una arquitectura que quiere dialogar, salir al foro, al debate, que dice y expresa una visión del mundo o, par ser más precisos, de la cultura material contemporánea. Es, por así decirlo, una arquitectura que no tiene meta, mayúsculas, prototipo que emular: no es el reflejo de ninguna idea rectora, no conoce los universales”..
    ..”No representa, es; tiene su propio estar, como si su especialidad técnica o topológica le diese alas, sabiduría y educación, y pudiese andar así por su cuenta, colocarse, mirar, decir: soy y estoy por mi misma; aunque no represento a nadie, no eludo mi sentido cívico.”
    Iñaki Abalos y Juan Herreros: Una Conversación (publicado en Circo 9. 1993)



    ¿Podríamos los arquitectos desenmascararnos y desvelarnos en una nueva dimensión re-contextualizada?

    R. Singer, gorro cohete Roman Signer. Acción Gorro con cohete. 1983

    (1) Roman Signer. Entrevista  Publicada el 04/06/2010. El Cultiral.es



    Arq. Fernando Pérez Blanco